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La concesión del XXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana —el galardón de poesía más importante de España— ha recaído en María Victoria Atencia (Málaga, 1931). Con ese motivo Ediciones Universidad de Salamanca ha editado una cuidada antología de la poeta titulada El fruto de mi voz. La selección de poemas, llevada a cabo por el también poeta Juan Antonio González Iglesias, desvelan un retrato único de María Victoria Atencia. Sus poemas se presentan en esta antología en cuatro secciones: Serena / Clásica / Espiritual / Viajera, que tanto pueden predicarse de su poesía como de ella misma. Cada sección se abre con palabras de algún maestro o amigo de la poeta. Para Serena, el poema María Victoria Atencia, de Jorge Guillén [pág. 85 de El fruto de mi voz]. Guillén lo escribió en 1978, tras la lectura de Venezia Serenissima, un cuadernillo de María Victoria. Para Clásica, Unas palabras de Vicente Aleixandre, que la retrata como Venus y que ha acompañado a su poesía en las antologías Ex libris o La señal [pág. 147 de El fruto de mi voz]. Para Espiritual, un texto de María Zambrano, que siempre ha presentado Trances de Nuestra Señora [págs. 205-206 de El fruto de mi voz]. Para la sección Viajera se ha elegido una carta que le remitieron Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez desde Puerto Rico. La antología perfila definitivamente a María Victoria Atencia en la Generación del 50, la relaciona con sus maestros, la acerca al grupo Cántico y a los Novísimos, y la sitúa como clásica en la mejor literatura contemporánea. La edición incorpora un poema inédito de María Victoria y su manuscrito; así como la reproducción manuscrita de otros cuatro poemas. La portada reproduce el anverso y el reverso de una moneda, que en María Victoria Atencia tiene que ver con la ética de la aceptación. Por vez primera en la colección de los Premios Reina Sofía de Poesía Iberoamericana el colofón del libro aparece suscrito, manuscrito por ella.