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Garcilaso de la Vega en su entorno poético plantea al lector una cuestión clave: ¿Se adelanta Garcilaso de la Vega a la sensibilidad moderna? ¿Y sus contemporáneos? En los cuatro poetas que se estudian en este pequeño libro —Garcilaso, Boscán, Acuña y Aldana— persiste la convención del amor cortés a lo Petrarca. Pero más allá de estas convenciones, que poco difieren de poeta a poeta, se descubren en sus versos, y gracias a la sensibilidad y sagaz mirada de Russell P. Sebold, otras facetas más entrañables con las que el lector puede identificarse o de las que puede compadecerse.
Interpoladas entre composiciones convencionales, la obra de Boscán revela otras piezas más humanas en las que el poeta lidia con las negras imágenes del mañana que le representa su profunda depresión psicológica de toda la vida (entonces identificada con la melancolía). Hernando de Acuña era soldado, pero en su condición también de poeta, le importante el estudio de la poesía, la poética y se dedica a la sabrosa contemplación de su propia alma a lo largo de los sucesos de su vida. La poesía de Francisco de Aldana, también poeta soldado, revela una lucha entre cuatro temas conflictivos para él: la milicia, la fe, la amistad y el sexo. En el centro del análisis poético de este libro figura Garcilaso, poseedor de una extraordinaria sensibilidad con los que se anticipó a su tiempo.