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Los frescos de la bóveda de la biblioteca de San Lorenzo de El Escorial fueron pintados para significar entonces cosas distintas de las que hoy apreciamos a primera vista. Manuel Rincón Álvarez, a partir de un análisis que desvela algunos de los muchos misterios que dificultan la comprensión de esos frescos, nos ofrece una interpretación de los enigmas de una etapa tan compleja como fue el final del siglo XVI bajo el reinado de Felipe II, con el panorama cultural, religioso y artístico de aquel momento.
Cuando echamos una primera ojeada a la bóveda nos damos cuenta de la intensidad iconográfica que allí se contiene; hay, por tanto, una primera misión que es la de identificar tantas figuras con sus símbolos y sus atributos para, luego, descifrar los mensajes semiocultos que el Rey y sus colaboradores más próximos quisieron hacernos llegar mediante los pinceles de Tibaldi.