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Los centones —piezas poéticas independientes formadas mayoritariamente por elementos ajenos, tomados de otros autores precedentes— han sido considerados hasta hace no mucho obras literarias de carácter menor. No obstante, en la propia Antigüedad reside ya la clave para entender su trascendencia. En palabras de Horacio Flaco: Hae nugae seri ducent («estas frivolidades traerán consigo cosas serias») [Hor, Ad Pis. 451]. Más recientemente, F. Desbordes ha vislumbrado la vinculación del centón con la intertextualidad, y ha señalado su carácter de texto nuevo, original, debido a que «changer le contexte, c’est changer le texte». Este libro profundiza en los mecanismos que la estética del centón (también llamada del fragmento) presupone, centrándose en los primeros ejemplos conservados, los centones profanos griegos: el centón de Ario, el centón transmitido por Irineo de Lyon, el centón recogido por Heliodoro el Escoliasta, y el mayor autor de centones conservados, León el Matemático. Incluye un apéndice con las teorizaciones sobre el centón en el mundo clásico.