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En el fin de siglo, periodo en que se sugiere la antiestética, en el que la libertad configura el espacio ilimitado en que se mueve el poeta, la imaginación traduce y fija los deseos de infinitud del ser humano, encarnando la pasión por lo ilimitado que hierve en su alma. La imaginación trasciende el espacio y el tiempo, al configurar el dominio de lo absolutamente libre, ese dominio refractario a cualquier tipo de dominación. A través de ella, y envuelto en las brumas de la confusión, el poeta modernista anhela la belleza de las cosas, cabalgando sobre las palabras que revelan su enigma, y alumbrando superficies escondidas de la realidad con los destellos de la imaginación. Al estudiar la reflexión crítica del modernismo, se hace evidente esa confianza depositada en la imaginación, como único motor de la libertad artística, que establece la conexión entre la Belleza y la carne mortal. La pasión que desata esa reina de las facultades provoca enfrentamientos muy diversos con el hecho poético, por la gran variedad de registros que posibilita. Al mismo tiempo, se convierte en punto de fusión en que se concentran las variadas actitudes e inquietudes presentes en el fin de siglo. Esta obra muestra los vínculos de las variadas y contradictorias pasiones con las que se entra en el siglo XX, mediante el asombroso predominio de la capacidad imaginativa y su relevancia en la crítica y en la práctica poética del fin de siglo.