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El presente trabajo analiza de forma pormenorizada los monumentos funerarios vinculados a la familia de los López de Haro, comenzando por Don Diego, señor de Vizcaya y con amplias posesiones en Castilla, Álava y Guipúzcoa. Personaje muy activo en la política de su tiempo, colaboró con Fernando II de León y con Alfonso VIII, del que fue testamentario.

Protector del Monasterio de santa María la Real de Nájera, donde fue enterrado, también extendió sus donaciones a los de Cañas y Vileña, femeninos estos dos últimos. Los sepulcros de todos los López de Haro muestran un conjunto de desigual categoría artística y sirven a la autora para realizar un análisis de la escultura funeraria de los siglos XII al XIV.