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De la mano de su sucesor en la cátedra salmantina de Derecho penal, se publica un trabajo sobre la participación de Dorado Montero en las discusiones finiseculares entre las doctrinas clásica y positivista sobre la pena. La discrepancia manifestada por el autor respecto

a su antecesor no resta nada de la admiración de su pensamiento y de su concepto de la filosofía del Derecho penal. Especial atención se dedica a la concepción de Antón Oneca del Derecho penal como «protector de los criminales», así como su idea de la medicina social como medio de solucionar muchos problemas de delincuencia. Se completa el volumen con un apéndice en el que D. Francisco Maldonado de Guevara realiza una evocación del que fuera gran catedrático salmantino.