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El aspecto espiritual y religioso de los monasterios fue durante muchos años el único estudio que merecía la atención de los estudiosos. El autor, por el contrario, entiende que el monacato visigodo no sólo se encontraba inmerso en una concreta realidad económica y social sino que contribuyó en gran medida a conformarla. De ahí que dedique su atención a la organización económica de los monasterios y a sus funciones sociales. Analiza sobre todo la formación patrimonial a través de fundaciones y donaciones, así como a las formas en que se administra ese patrimonio. Las estructuras de la propiedad y las formas de explotación de los recursos, así como las funciones monacales en la vida social, son estudiadas en sendos capítulos.