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La complejidad del lenguaje místico y concretamente el de San Juan de la Cruz, es admitida de entrada por cuanto trata de explicar lo inexplicable, de poner palabras a lo inefable. Ello llevó a nuestro poeta a convertir numerosos signos lingüísticos en auténticos «símbolos». Uno de ellos, tal vez el más poderoso en su obra, es el analizado aquí: la noche. Entronca también con una tradición mistérica antigua y profusa en todas las sociedades y religiones, así como con la mística sadili de Ibn Arabi. Esta complejidad es analizada a la luz de la lexicografía dividiendo el análisis en «ejes sémicos». El trabajo se basa en dos obras del poeta: Subida al Monte Carmelo y Noche Oscura del Alma.